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Desde medidos de los años setenta que se iniciaron los estudios sobre la edad a la que se convertía madre una mujer hasta hace escasamente un par de años este dato ha aumentado hasta casi los 32 años. Este fenómeno se ha estandarizado en todo el mundo desarrollado y se va implantando poco a poco en el resto del planeta.  Y ocurre algo similar en el caso de los hombres, ya que la cifra ha aumentado a los 34 años. Es decir, cada vez más parejas deciden ser padres cuando son ya más que treintañeros.

Nuestro ritmo de vida suelo condicionarnos de forma psicológica y afecta también a diferentes aspectos de la salud. Y por supuesto afecta también de forma notoria en la capacidad reproductora de la mujer. Factores como la cafeína, el tabaco y la obesidad son agentes de gran influencia que en ocasiones puede llegar a afectar a 3 de cada 10 casos de infertilidad.

Si estás embarazada es normal cambiar en cierta manera muchos de tus hábitos de vida. Está claro que llevar un ritmo lo más saludable va a ayudar a evitar complicaciones y la alimentación es posiblemente una de las variables más importantes a vigilar. Uno de las pautas más generalizadas es vigilar el nivel de hierro, yodo y ácido fólico. Tu cuerpo va a necesitar aumentar la ingesta de proteínas, grasas e hidratos, y del mismo modo es muy aconsejable la vigilancia sobre los niveles de vitaminas y minerales.

Se estima en un diez por ciento el número de mujeres que no consiguen quedarse embarazada tras haber concebido un primer hijo. Esta situación frustrante para muchas de las parejas es lo que se denomina infertilidad secundaria y es un problema mucho más frecuente ya que afecta a una de cada diez mujeres.Para dar solución a este problema hay que buscar las causas, los principales factores de riesgo y para hallar la mejor solución, es conveniente acudir a un centro especializado.